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Una sonrisa robada al descuido, una lágrima disimulada, un salto de alegría, un nudo en la garganta, un apretón de cuerpo emocionado. Una ronda cualquiera en cualquier lugar. Para mirarnos a los ojos, para encontrarnos cara a cara, para celebrar que andamos juntos. Un ratito, apenas un ratito de la corrida cotidiana. Y porfiarle una pincelada chillona, fosforescente, al gris de la rutina.Hacemos teatro porque no nos sale otra cosa. Vivimos de nuestro arte porque apostamos todas nuestras ganas a la riqueza de encontrarnos; y de allí, sacar la razón y la fuerza para seguir andando. Por eso elegimos los espacios no convencionales; plazas, parques, clubes, escuelas y calles para levantar nuestro telón imaginario. Porque confiamos en que el juego, la música, la poesía y la magia del teatro nos acerca, nos despabila, nos abraza; pero sobre todo, nos empuja a la reflexión, al disfrute y a la fantasía.